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Última actualización [13/05/2007]


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Personalidad del alcohólico

Lic. Yusi Cervantes Leyzaola

Personalidad del alcohólico

No sabemos con certeza el por qué del alcoholismo. Lo que sí sabemos es que es una enfermedad física, mental, espiritual, emocional, familiar y social. Sabemos también que es progresiva y mortal y que no tiene cura: solo se puede controlar. El enfermo alcohólico que deja de beber y que sigue un programa de crecimiento personal como el de Alcohólicos Anónimos, puede tener una vida sana, productiva y feliz, pero seguirá siendo alcohólico toda su vida.
Se han investigado, por supuesto, los antecedentes familiares. Se ha encontrado que el alcohólico puede tener o no una familia de origen disfuncional -evidentemente esta última agrava el problema-. Por supuesto, los maltratos, la soledad, la falta de protección, la falta de valores, el medio ambiente hostil, la influencia de supuestos amigos que consumen drogas y alcohol y factores personales como una pobre autoestima son factores que precipitan el problema y favorecen que el alcoholismo se desarrolle con más rapidez. Algunos investigadores consideran que hay un factor congénito relacionado con la insuficiencia de ciertas sustancias en el cerebro, lo que explicaría ciertos rasgos de la personalidad que se presentan en el alcohólico aún antes de comenzar su carrera de embriaguez y que permanecen una vez que deja de consumir alcohol, a menos que entre en un proceso que lo lleve a mejores estados de conciencia y madurez. Los alcohólicos que se han recuperado plenamente (es decir, no sólo físicamente) saben, con toda seguridad, que no es suficiente con dejar de beber, independientemente de si esta personalidad tiene su origen en un factor congénito, conocerla nos puede permitir prevenir el problema, por un lado, y lograr una mejor recuperación, por el otro.

En cuanto a la prevención, cuando los padres o educadores, o la persona misma detectan estas características de personalidad, vale la pena buscar un modo de superar estos problemas, desarrollando en la persona la autoestima, la capacidad de comunicarse, la capacidad de amar y de recibir amor, entre otras cosas. Estas características no son exclusivas del alcoholismo y deberán enfrentarse siempre que se les encuentre. Muy especialmente cuando el alcoholismo ya se ha manifestado y se busca que la persona se recupere. Se trata de que se integre interiormente y que se integre a la familia y a la sociedad.

Algunas de las características de personalidad del alcohólico son las siguientes:

- Inmadurez e inaccesibilidad emocional.
- Dependencia emocional.
- Necesidad de llamar la atención.
- Incapacidad para amar, para dar y recibir. Sin embargo puede hablar muy bien del amor, como sucede en el caso de poetas, escritores y compositores alcohólicos.
- Problemas sexuales tales como homosexualidad latente, promiscuidad o inseguridad sexual.
- Soledad existencial. Se siente solo, escéptico, diferente, ajeno a todo. Compensa esta situación rodeándose de personas que le den por su lado y lo admiran, con frecuencia de menor edad o de una condición social inferior, entre las que el alcohólico destaca.
- Impulsividad. Actúa por impulsos cortos. No es constante, no persevera casi en nada. En compensación, puede ser compulsivamente disciplinado en una o dos disciplinas.
- Vive en un mundo de fantasía, sueña con frecuencia, lo que lo lleva a mentir.
- El alcohólico tiene un miedo vago a todo y a nada: una angustia existencial. Como consecuencia y compensación a sus miedos. Puede desarrollar una conducta agresiva.
- Incapacidad para integrarse. Como el alcohólico está desintegrado interiormente, no se acepta a sí mismo y se evade, tampoco puede integrarse a un grupo (a menos que sea para tomar). Pero muchos de ellos desarrollan una habilidad especial para manipular, controlar y dirigir a los demás. Puede dirigir grupos pequeños o grandes masas.
- Es muy sensible emocionalmente. Todo lo conmueve. Los demás consideran a veces que los alcohólicos son fuertes, pero en realidad son frágiles y endebles. Sin embargo, el consumo del alcohol los lleva a una anestesia emocional.
- Incapacidad de tolerancia a la frustración. Es introvertido, tímido, inseguro. Ante un fracaso genera resentimiento hacia los demás y autocompasión. Se siente a la vez culpable y víctima, y en suma, desdichado.
- Incapacidad de tolerancia al sufrimiento. No se enfrenta a él: se fuga.

En etapa activa

El alcohólico en etapa activa también presenta estos rasgos:

- Marcados cambios en su forma habitual de comportarse cuando entra en contacto con el alcohol. Puede mostrarse notablemente desinhibido. Si suele ser frío, seco, puede volverse afectuoso; si es tranquilo, puede comportarse agresivamente; si es introvertido actúa en forma sociable…
- Constante negación de su enfermedad. Es habitual la frase: "Yo no soy alcohólico".
- El enfermo es cada vez más esclavo del alcohol.
- Hay frecuentes períodos de depresión y desesperanza. Esta se acentúa en la etapa de desintoxicación. Tiene conductas autodestructivas -además del consumo de alcohol- y un constante auto rechazo. Tiene pensamientos fatalistas, como el de considerar "¿Qué importa ya?".
- Sentimientos de culpa e impotencia ante los constantes fracasos por controlar su enfermedad y su vida, y también por el daño que causa a los suyos.
- Sentimientos falsos, exagerados y/o distorsionados, lo que lleva a cometer actos que sobrio no cometería como agresiones, encuentros sexuales, etc.
- Tiene bajo contacto con la realidad. A medida que avanza la enfermedad aumentan los rasgos esquizoides -preocupaciones paranoicas (cree que alguien quiere hacerle daño), alejamiento de los demás, fantasías de omnipotencia-.
- Tiene un yo débil y paulatinamente va perdiendo el contacto con ese yo.
- Su autoestima, su responsabilidad y su autocontrol son débiles y se debilitan cada vez más.
- Entra en luchas por cuestiones relacionadas con el dominio-sumisión.
- Su dependencia lo hace confiar irracionalmente en agentes externos (una gran dependencia) para lograr seguridad, protección, amor, comida, aceptación, comodidad. Y para lograrlo usa la exigencia, la manipulación y el chantaje.
- Usa una fachada agresiva de actividad vigilante respecto a la satisfacción impulsiva de sus deseos o a la búsqueda de protección.
- Cuando la intoxicación por alcohol continúa durante el tiempo y con intensidad suficiente, desemboca en síndromes irreversibles. Uno de ellos puede ser la desintegración de la personalidad y el otro la demencia. En la desintegración de la personalidad comienza a desestructurar todo lo adquirido por la educación: normas éticas, modales. El alcohólico va descendiendo en la escala social y profesional. El abuso alcohólico le produce fases de agresividad, crisis de furia y se vuelve antisocial, hasta que tiene que ser internado en un hospital psiquiátrico en forma permanente. La demencia es un deterioro grave de la inteligencia. El alcohólico pierde los conocimientos y las habilidades que tenía bien aprendidos - incluidas las de su trabajo-.

Es importante señalar que no todos los alcohólicos tienen estas características. Una persona puede no tener alguna o muchas de ellas, y ser alcohólico, porque lo que define al alcohólico es su perdida de libertad frente al alcohol. Ante el que siente una auténtica e irresistible apetencia frente a la que su voluntad fracasa. Pero esto es algo que el alcohólico suele negar: "No es irresistible -dicen- puedo dejar el alcohol cuando quiera…", y sigue cayendo, destruyendo su vida y la de los demás.

Ojalá, considerar estas características de la personalidad del alcohólico permita que algunos se detengan a tiempo, y que otros, que están ya en la etapa de la recuperación, sean más conscientes de que no es suficiente con dejar de beber; hace falta también un desarrollo personal y un crecimiento espiritual.

Revista ANUDANDO, Consejo Estatal Contra las Adicciones del Estado de Querétaro,
Año 3, Edición 17, Mayo-Junio 2002.

 






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